
Negro sobre blanco, convulso y honesto, Vamp vio la luz en Bilbao en 2024. Como explica el texto en la página inmediatamente posterior a la portada[1], el fanzine recopila cuatro historietas en torno a un mismo personaje humano, joven, de género femenino[2]. Su autora es Paula Guerrero (Almendralejo, 1996), dibujante de cómics[3], artista involucrada en la performance y la producción audiovisual y musical, graduada en Bellas Artes y Máster de Investigación en prácticas artísticas por la Universidad de Castilla La Mancha. Vamp puede parecer una alusión a los vampiros, ya que Guerrero se ha dedicado a su figura en fanzines (Maldita sabandija, 2025; Chica Vampiro, Cabeza de Perro y el nuevo inquilino, 2023) y cómics (Sedienta, Apa-Apa Cómics, 2026). En este fanzine matiza que el título se refiere al término inglés vamp, «la variación de notas o acordes que se repiten de manera continuada»[p. 4].
Vamp es algo más grande que la medida A5, tan frecuente entre fanzines, y algo más cuadrangular: 19 x 23 cm. Tiene 8 hojas unidas por dos grapas metálicas, 16 páginas si contamos con la portada y la contraportada. Nada de las grapas llama la atención: cumplen su función discretamente. El objeto recuerda a una pequeña revista. Texto e imagen gozan de buena visibilidad gracias a los centímetros extra de su formato.
A diferencia de la, digamos, sinceridad en la brutales e hiperactivas fantasías sexuales masculinas en el cómic underground de los 70 y 80, distintiva de autores como Crumb y Bakshi, la sinceridad en la autoedición contemporánea, revitalizada por la cuarta ola del feminismo, se expresa en la complejidad psicológica, la agencia y los lazos afectivos de sus protagonistas. Las historietas de Vamp se ocupan de los tres factores en cuatro situaciones diferentes durante la misma etapa vital de nuestra protagonista: una joven sin nombre, con estudios universitarios probablemente ya realizados, atribulada por la precariedad. Sus preocupaciones tienen un carácter cercano, cotidiano y realista: la primera es existencial, su integridad psicológica, por culpa de su empleo en una tienda de moda pronta; la segunda, el empleo mismo; la tercera, sus relaciones sentimentales; y la cuarta, la relación del arte con la vida. Los malestares de la protagonista quedan unificados con la amenaza de convertirse en conejo contra su voluntad. Aunque el fanzine deja algo de libertad para interpretar si la transmutación en animal es una alucinación o tiene efectos reales, que sea el único elemento «mágico» en todo el libreto —el vampiro de la página 3 aparece en un sueño— y el monólogo frente al espejo del baño[5] evidencian la naturaleza simbólica del conejo, que alude a un estado anímico con una calidad visual igual a la de los personajes y a su realidad. En Vamp, nada explica el porqué del conejo, ni hace falta. La decisión de la autora parece muy personal a la vez que afinada con lo que podemos extraer del imaginario colectivo: un herbívoro huidizo, una presa con cincelada expresión de alerta, todo en ella es captación de peligro; una posición indeseable.
El compás de casi todas las historietas es urgente y lo marcan las convulsiones anímicas de los personajes y sus reacciones. En la primera y en la última historieta encontramos viñetas de reflexión o que muestran dos perspectivas de un mismo intervalo, lo cual transmite contención. La reacción, la respuesta irreflexiva y subordinada a los términos de lo que viene dado e impele, predomina narrativa y rítmicamente. Muchas transiciones entre acciones consisten en cuerpos en calma aparente que experimentan sobresaltos, o el desarrollo mismo de la ansiedad, el estrés y el nerviosismo. Apenas se paladea la calma ni da pie por sí sola a otras cosas coherentes con ella. Guerrero presenta la calma para cancelarla. La página 10 es el mejor ejemplo: narra la preocupación repentina de la protagonista por si ha cerrado la verja de la tienda en la que trabaja. La idea le asalta de madrugada, la agotada no puede dormir. Forcejea con su deseo de descansar hasta que se rinde y corre a comprobar que sí, que la había cerrado. La autora, en la página 8, nos había ofrecido una viñeta sutil en la que su protagonista acciona el cierre de la verja. Aún no roza el suelo y la protagonista ya anda distraída. Al no dejar claro el estado del cierre y dispersar el interés de la imagen, nos coloca en un modo de recepción parecido al de una situación en la que no registraríamos lo que debemos.
A diferencia de las anteriores, la última historieta nace de recuerdos amables de la artista en su época de estudiante. Andy Warhol Eating a Hamburger (que forma parte de 66 Scenes from America, obra del artista danés Jorgen Leth de 1981) despierta en ella y en su amigo el antojo de algo rico. Incluso en el remanso de paz con el que acaba Vamp se percibe reactividad en los personajes, que se permiten su propio deseo sugestionados por la cinta de Leth, como si fuera necesaria la compatibilidad con sus aspiraciones profesionales para satisfacer su antojo. Cuando el amigo de nuestra protagonista le dice «me gusta tu plan»[6], se trata sólo de complicidad y humor ante el mínimo roce entre su sufrimiento y la llave de Leth, que encaja en sus aspiraciones. Así, se arreglan y disfrutan de algo con nata. La agilidad del tramo tiene más que ver con la economía de narración de Guerrero y su tensión de la elipsis: la continuidad de los diálogos dista de la progresión entre viñeta y viñeta, pero quedan enhebrados por la sencillez del objetivo de los personajes y la técnica de la autora. El efecto es liviano y humorístico. Si el vamp de este fanzine tuviera alguna relación con el parasitismo, el drenaje y la precariedad, los conectores más obvios, la cuarta historieta serviría como amortiguador de esa misma obviedad. El asunto sigue latiendo y se desarrolla con extrema sutileza. No se me ocurre, de hecho, ninguna conexión igual de específica; y, por ello, celebro la distancia que pone con el resto del fanzine, a todos los niveles.
Así termina Vamp, persecuciones a una humana de clase trabajadora, drenada, compleja y común como cualquiera de nosotros.
Bibliografía y notas:
[1] Sin embargo, en la tercera historieta el peinado cambia tanto que, en conjunción con rasgos relativamente poco diferenciados entre algunos personajes y la adición de pecas, me dio la sensación de que se trataba de otro personaje. Quizás sea el mismo con una edad diferente.
[2] En una viñeta, en la parte inferior de la página 5, la protagonista se refiere a sí misma como «tía» mientras se mira en el espejo del baño; en la siguiente página se pregunta, en femenino, «¿me estaré volviendo loca?». Los demás personajes se refieren a ella en femenino.
[3] «Soy Paula Guerrero y me considero dibujante de cómics por delante de otras cosas». Post de Instagram de la autora del 14 de abril de 2026. Recuperado el 24 de septiembre de 2026 de:
<https://www.instagram.com/p/DXFujkbjA1b/?img_index=6>
[4] Página 2 del fanzine.
[5] La escena de personajes lavándose la cara frente al espejo en un momento de tensión y necesidad de reflexión aparece en innumerables series y películas. Sheila O’Malley ofrece una recopilación de escenas frente al espejo más allá el cliché. [Recurso electrónico. OscilloScope. 9 de mayo de 2019. Mirror, Mirror: When Movie Characters Look Back at Themselves. O’Malley, Sheila. Recuperado el 14 de septiembre de 2026 de <https://musings.oscilloscope.net/post/184761732911/mirror-mirror-when-movie-characters-look-back-at>]
[6] Página 15 del fanzine.



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