
Portugal 25 mide 20’1 cm de alto y alrededor de 9 cm de ancho. Estrechas y cosidas con hilo rojo, las páginas tienen un color blanco matizado con calidez, suave, límpido y homogéneo que facilita el discernimiento de las fotografías analógicas que reproduce en su interior. Este color hace general la luminosidad de las imágenes, todas soleadas. Su autora es Ana Ferràndiz, fotógrafa especializada en género, identidad y territorio desde una perspectiva crítica con el colonialismo[1]. El fanzine recoge algunas de las fotografías que hizo en su viaje a Portugal, a lugares como Coimbra y Oporto. Ha hecho varias versiones del fanzine, cada una de las cuales recoge diferentes cribas ordenadas al azar.
En las fotografías se repiten las composiciones geométricas a base de bloques grandes y rectos, muchos de los cuales acentúan la relación con el suelo o las altitudes, como en las páginas 3, 6, 7, 9 y 16; también la dedicación a la arquitectura y la ornamentación, con las páginas 5 y 11 dedicadas a los patrones geométricos de azulejos de paredes y suelos, o a las dimensiones de los edificios: páginas 8, 10, 13, 20, 22 (en la que aparece la Fundación Serralves) y la misma portada. Se trata de fotografía inmediata, calma, de registro de la realidad tal y como se presenta, sin mayor implicación. Solo aparecen personas en tres fotografías; todas son en ambientes lúdicos, y en dos de ellas llevan disfraces.
María Olmo, conservadora, restauradora y conocedora del fanzine, observa una relación sutil: «En Portugal 25, Ana Ferràndiz está transmitiendo algo de su experiencia en Portugal más allá de lo visto. Las fotografías resultan del trabajo, imágenes que adquieren autonomía y sentido en un conjunto, pero no pueden transmitir toda la experiencia del viaje: aceptar el azar en el proceso del montaje nos acerca más a la vulnerabilidad, el descubrimiento y la sorpresa que depara un lugar nuevo». Reside la ironía en que, al intentar evocar así esa sorpresa (que, en efecto, forma parte de lo verdaderamente experimentado por la artista), estaría renunciando al orden en que los eventos se sucedieron. En contradicciones así reside abundante sentido del trabajo artístico.
Tomemos la observación sobre la representación literaria que hace Vicente Huici a partir de Octave Hamelin:
«La representación literaria podría entenderse así como la conciencia formalizada, exteriorizada, de la conjugación del objeto y el sujeto, y estaría dotada, por lo tanto, de un carácter único. Pero, por otro lado, presentaría una deriva analógica de otras conciencias formalizadas en otras tantas representaciones. Dicha representación, por consiguiente, constituiría para el sujeto la realidad misma, de forma análoga a como ocurriría en otras representaciones, por paradójica que parezca esta afirmación»[2]
Considero esta afirmación válida para lo que es general a todas las representaciones, sean literarias, visuales, sonoras, etc. Hay que tener claro que el objeto de representación de Portugal 25 no es Portugal, sino la vivencia de Ana Ferràndiz en Portugal, en la que se sacrifica la correspondencia con el trayecto a cambio de las sensaciones de sorpresa y, añadiría yo, incertidumbre; que desembocan en calma contemplativa una y otra vez. Además, lo más lógico sería no pretender reproducir la misma sorpresa que se ha vivido, sino buscar una nueva en el ámbito formal, y asumirla como coherente con las vivencias que originan el trabajo, tal y como deduzco de la propuesta de Ferràndiz, quien, por cierto, ya ha recurrido antes al azar para poner orden en otros fanzines[3].
De la sorpresa a la incertidumbre, ante el fanzine, estas sensaciones son coyunturales. Dependen de que se transmita verbalmente cómo se hizo el montaje; de conocer Portugal en profundidad y percibir que el orden de las fotografías no obedece a un trayecto directo y económico; y de un par de pistas que nos da el ejemplar que tuvimos en nuestras manos. La más elocuente, a la que Ferràndiz apuesta todo, se reparte en las páginas 16 y 9: dos mitades de una misma fotografía, una gran masa de agua, un hermoso paraje herbóreo, un pedacito de playa y algunos edificios. En su cuenta de Instagram, Ferràndiz solo identifica el lugar como parte del «norte de Portugal»[4] junto con otras fotografías subidas a la web en la misma publicación el 6 de noviembre de 2025. Dividir y repartir las mitades por el fanzine, sin atarse a la continuidad ni a ningún otro criterio plástico aparente, da una clara señal del proceder, que en nuestra imaginación se extiende al conjunto.
Bibliografía y webgrafía:
[1] Según la sección “Sobre mí” de la página web de la artista. Recuperado el 11 de enero de 2026 de: <https://anaferrandiz.es/sobremi>
[2] Huici, Vicente. (2006). Aproximaciones a la razón narrativa. Vitoria-Gasteiz: Bassarai. p. 57.
[3] «[…] he decidido que Portugal será en color, porque tenía ganas de ver el color de mis imágenes impresas. Lo demás es casi todo igual, mismo formato, imágenes colocadas de forma aleatoria y montado al azar». Recuperado de la web de la artista el 10 de enero de 2026 de: <https://anaferrandiz.es/portugal>. Por otra parte, afirma su recurso al azar y al juego en la sección que dedica en su web a sus fanzines. Recuperado el 17 de enero de 2026 de: <https://anaferrandiz.es/fanzines>
[4] Publicación de Instagram. 6 de noviembre de 2025. Recuperado el 18 de enero de 2026 de: <https://www.instagram.com/p/DQtrWDiDdV1/?img_index=3>


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